Un dron en el bolsillo

En el post de hoy quiero hablar de un tema que, como concepto, me parece muy interesante. A pesar de que a la mayoría de nosotros lo que nos gusta de los drones es el apartado más “cinematográfico” y en muchas ocasiones está estrechamente relacionado con el pilotaje, siguiendo toda una serie de tomas aéreas que ya son clásicas y que implican alejar el dronde nosotros en ocasiones varios centenares de metros.

Pero, como iba diciendo, no es de ese tipo de vuelo del que quiero hablar hoy, si no más bien de los selfie-drone, un concepto que ya hace tiempo que existe pero que parece que, al fin, está llegando a la máxima expresión: y no deja de ser la de convertir nuestro móvil en una cámara voladora.

Y aquí es cuando empezamos a ver toda una serie de opciones, más o menos rocambolescas:

  • DIY. Peña que con un interruptor, un par de rotores y unos cables, monta en su propia carcasa un sistema de vuelo estacionario (obviamente no guiado por GPS ni sensores de ningún tipo, así que como sople un poco de viento, bye bye hasta otro ratito)
  • Dron de bolsillo como tal. No deja de ser un dron chiquitín y plegable integrado en una funda de móvil. Entendámonos, no convierte el móvil en un dron, simplemente es de estos drones chiquitillos, que se doblan y se guardan en el bolsillo, pero embutido en la funda. Se maneja mediante una APP y listo.
  • Carcasa voladora. Proyecto de DJI para convertir realmente tu móvil en un dron. Y este es el concepto que me parece realmente interesante y rompedor.

Más que nada porque el gran problema de los drones de bolsillo suele ser la pésima cámara que montan. Y, a día de hoy, quien más quien menos todos tenemos un móvil con una muy buena cámara (sin ir más lejos, mi iPhone 8 Plus puede grabar a 4K a 60FPS, cosa que pocos drones pueden decir). Así que el concepto de usar el propio móvil como fly-cam es genial. Parece que el “dron” (si es que no es demasiado generoso llamarlo así) se controla mediante gestos de la mano, lo cual es lo más inteligente y adecuado para un selfie-drone (ya que, de lo contrario, necesitaríamos un mando, ya que no podríamos pilotar mediante APP puesto que, ya sabes, ¡el móvil está volando!).

Obviamente hay toda una serie de factores a tener en cuenta:

  • Lo más probable es que este sistema no cuente con sensores anti-colisión, así que si ya da palo poder perder tu dron, imagínate si además puedes estampar tu móvil 🤯
  • Sin gimbal. Por muy fluido que pueda ser el vuelo de esta carcasa, es inevitable que haya traqueteo durante el vuelo. Eso no debería ser un gran problema para fotografía (siempre que no sea de larga exposición) ¡pero para vídeos la cosa cambia! Si bien es cierto que cuando el móvil no graba a la más alta resolución puede estabilizar un poco la imagen (como ya comenté en este post) los vídeos van a salir movidos sí o sí, especialmente grabando desde cortas distancias (que es lo que hace un selfie-dron)
  • Desde un punto de vista legal, ¿el móvil más la carcasa pesarán más de 250 gramos? Porque, de ser así, la cosa se complicaría con la normativa europea de drones.

Pero, en resumen, puede ser una opción super-interesante para, en un pis-pas, meter tu móvil en la carcasa, desplegar las hélices y sacarte una fotillo o un vídeo chulo en plan selfie para Instagram (no me sorprendería que el aparato contara con Quickshots como los del Mavic Mini). De hecho, para sacar unos planos guapos en sitios donde no esté permitido volar drones puede ser un puntazo.

En fin, ¿qué te parece el concepto? ¿Te pillarías este accesorio? Participa si quieres dejando un comentario y, como siempre, puedes compartir el post mediante los botones sociales de aquí abajo, ¡hasta pronto! 👋


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