Filmmaking – ¿gimbal sí o no?

Los que vais siguiendo mis vídeos habréis notado que en la inmensa mayoría de ellos, cuando grabo mientras camino, la imagen no está bien estabilizada, ya que se nota el impacto de cada paso que doy. Esto se debe a que casi nunca acabo usando el estabilizador o gimbal en mis vídeos. Y tú podrías preguntarte por qué demonios no lo uso si me he dejado unos buenos pabols en él.

Pues bien, se debe mayormente a tres motivos. En muchas ocasiones es porque simplemente ni siquiera lo llevo encima. Como sabrás, algunos de mis vídeos implican la práctica de deportes de acción o de largas caminatas, por lo que ya debo llevar carga en forma de material o provisiones y por si acasos. Y cada cacharro cuenta, tanto en peso como en espacio en la mochila.

La espalda, esa gran olvidada

En otras ocasiones sí que llevo el gimbal en la mochila pero decido no usarlo o bien porque me da pereza (ahora es cuando me matas) o simplemente porque cada vez me gusta más el rollo imperfecto que le da una estabilización incompleta a la imagen.

Es decir, si quiero plasmar las imágenes de forma súper nítida o jugar con la velocidad de reproducción de la pista (recurso que no uso demasiado) sí necesito que la imagen se esté en su sitio sin pestañear. Pero en los vídeos de combate, como he dicho anteriormente, casi que me gusta “que se note” ese punto casero, no de reportaje profesional. Me parece que aporta al conjunto más calidez y cercanía (soy así de campechano, mira).

También debo comentar que hay un punto en el que, campechanía o no, sí me debo obligar a usar el gimbal y es cuando grabo con el iPhone a 4K (sí, como ya comenté hace muuuucho tiempo, uso el móvil como videocámara. Aquí tienes el post donde hablo de ello).

Gran herramienta, ¿mejor persona?

Es decir, el bicho usa estabilización digital. Cuando grabo a Full HD (la inmensa mayoría de mis vídeos) el propio móvil ya usa su capacidad para grabar a resolución mucho mayor para “buscar el mínimo común divisor” (¿lo estoy diciendo bien?) para evitar los tembleques o al menos disimularlos. Cosa que no puede hacer cuando le pides a la cámara que te lo dé todo grabando a 4K.

De hecho en el primer vídeo que realicé íntegramente a 4K (el de Sant Miquel d’Escornalbou) me di cuenta en el momento de editar de que tenía bastante peor pulso de lo que me creía y es precisamente porque el iPhone no podía estabilizar digitalmente la imagen por lo que acabo de explicar. Mira, te lo pongo a continuación para que lo puedas comprobar:

De hecho, aprovecho para comentar que no hace mucho sustituí mi gimbal-que-te-cagas por uno más sencillito, sólo para móviles. Y es que el propósito por el que me compré el primero (la versatilidad) ya no me es de importancia. Es decir, en su momento quería poder usar el gimbal para videocámara, cámara de acción y móvil. ¡Pero es que sólo uso el móvil!

Más que nada porque videocámara como tal ya no uso, la cámara de acción la uso en momentos muy concretos y normalmente cuando no puedo usar las manos (escalada, ferratas, espeleo,…) por lo que la llevo en el casco y no podría sujetar el gimbal con la mano al necesitar ambas para progresar por la vía. Y es que además estoy procurando sustituir la cámara de acción por la cámara de 360 grados (la considero el futuro de las cámaras de accion como ya comenté en este post). Así que ¿para qué tanto rollo?

En resumen, creo que el uso del gimbal me lo reservo o bien para cuando quiera grabar en 4K o cuando quiera realizar trabajos de corte muy profesional. Para el día a día, me quedo con un ligero tembleque, atenuado por la IA del iPhone.


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