¿Usar y tirar? Vuelta a los orígenes

Es curioso como todo vuelve. La generación de nuestros padres es la generación que ha vivido el auténtico boom del consumismo y del capitalismo, donde los productos de usar y tirar eran un estándar. ¡Llegando hasta el extremo de hacer cámaras de fotos de usar y tirar! Visto según la perspectiva actual, y siendo conscientes del proceso de calentamiento global y el nivel de contaminación de nuestro único planeta, nos parece increíble.

El summum del consumismo: fabricar una cámara de fotos con pila, flash, óptica, etc… Para llenar un carrete y tirarla

Lo curioso es que ahora, en plena crisis sanitaria que obliga a la mayoría de la población a permanecer encerrada en sus casas y sin salir y que, por tanto, ha paralizado la actividad industrial y turística del mundo… ¡nos encontramos con que el planeta está más limpio!

Cisnes en Venecia, delfines en las costas, grandes urbes sin su sombrero de contaminación, el clima vuelve a ser lluvioso y fresco (como debe ser en esta época). La verdad, no sé a ti, pero a mí esto me hace pensar en que debemos replantearnos nuestra relación con los residuos que generamos.

Porque luego hay otras cosas que no nos parecen tan escandalosas pero que, realmente, sin llegar al extremo de fabricar una p*ta cámara para llenar un carrete y tirarla, siguen el mismo concepto. Hablo de:

  • Cubiertos de usar y tirar
  • Platos de usar y tirar
  • Vasos de usar y tirar
  • Servilletas de usar y tirar
  • Botellitas de agua

Todos temas de mesa, vamos. Los tres primeros casos no son lo habitual en una casa (o no deberían serlo). Entiendo que son más bien para ocasiones especiales en que se junta mucha gente para comer en casa (porque vaya palo lavar tantas cosas, ¿verdad?) o para cuando nos vamos de camping. Francamente, no me parece motivo suficiente para usar productos desechables, ya que, hijo, si te toca fregar pues mala suerte, que para un día que se te junta la familia en casa tampoco pasa nada.

Y en cuanto al tema comer fuera, no cuesta nada llevarse un par de juegos de cubiertos. Venden incluso modelos tipo “navaja suiza” con cuchara, cuchillo y tenedor. Pero, en última instancia, si estos cubiertos, vasos y platos son biodegradables, todavía tira que te va.

Ya, palo terrible

Y el tema del agua embotellada sé que es delicado pero la verdad es que en el primer mundo, afortunadamente, disponemos de agua corriente potable. Yo llevo toda la vida bebiendo agua del grifo, incluso cuando viví en México de pequeño, y hasta donde sé no me ha causado ninguna enfermedad ni dolencia. Si aún así vives en una zona de agua fuerte, con mucha cal, quizá podrías plantearte (antes que la osmosis, que es más cara) utilizar filtros para el grifo tipo Tapp Water.

Así que en la medida de lo posible, procuremos no comprar más y más botellitas de plástico, si no más bien que sean reutilizables, tipo cantimplora.

Pero luego está el último punto, el de las servilletas. Es muy habitual en muchos hogares usar diariamente servilletas de papel desechables. De hecho, yo lo he estado haciendo durante AÑOS, hasta que un día me planteé que no era sostenible y que era un lujo innecesario tanto para mí como para el planeta. Desde entonces he vuelto a lo que ya hacía la generación de antes de la de nuestros padres: volver a las servilletas de tela, de varios usos, lavado y vuelta a empezar.

Otro punto importante es el de las bolsas de plástico. Es ya un problema de escala mundial el nivel de contaminación de los mares por culpa de las bolsas de plástico. Y la solución no es cobrar por ellas. La solución es prohibirlas. O en todo caso sustituirlas por modelos desechables que sean biodegradables y sostenibles en su producción. Y, en el mejor de los casos, imponer las bolsas de rafia como única opción.

Otra cosa que está en nuestras manos también es la de dejar de usar las bolsitas de plástico de los super para comprar frutas y verduras y usar contenedores reutilizables, como estas bolsas, que ya existen y que no suponen una gran inversión.

Plastic. Plastic everywhere

Quiero pensar que no soy el único colgado que piensa así y que cada vez más gente se irá dando cuenta de que no tiene sentido estar tirando cosas continuamente. Claro que es más cómodo tirar un vaso que lavarlo. Claro que es más cómodo tirar una servilleta de papel que utilizar la misma de tela hasta que irremediablemente toca meterla a la lavadora. Claro que es más fácil (y desgraciadamente más barato) comprarse unas deportivas nuevas en lugar de reparar las que ya tienes… Pero quizá, por nuestro futuro y el de nuestros descendientes, debemos empezar a dejar de lado la pereza y la comodidad y empezar a invertir en productos que realmente sean necesarios y que nos permitan un largo uso.

Es decir, quizá debemos revertir la tendencia Primark. Hay gente que ve incluso positivo que unas bambas baratas duren poco, porque así puede estrenar bambas un par o tres de veces al año. ¿Pero dónde hemos ido a parar? Si en un primer momento te hubieras dejado lo que cuestan 3 pares de bambas baratas en unas buenas, ¡te durarían mucho más que estos tres pares! Pero claro, entonces no podríamos estrenar prendas tan a menudo.

El precio que no pagas por un producto se paga por otras vías

¿Te has planteado por qué un producto es tan barato? Obviamente la producción en cadena es la clave, pero también lo es la mano de obra pseudo-esclava. Piensa en ello cada vez que compres algo que provenga del tercer mundo (a nivel de derechos humanos). Quizá es el momento de primar más el producto español o incluso europeo. Comprar en local. Aunque sea más caro. Aunque cueste lo que debe costar.

Quizá es el momento de volver a la calidad en lugar de a la ansiedad, a hacernos con aquello que realmente necesitamos y pagar un precio justo por ello, a hacer las cosas con cabeza. Dejar de pensar en la pura comodidad. No como nuestros padres, si no como nuestros abuelos.


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