Filmmaking – ¿Disfruto del viaje?

La verdad es que ya llevo un tiempo realizando reportajes de los sitios que visito y las aventurillas que voy viviendo, más o menos desde el verano del año pasado. Y en más de una ocasión no he podido evitar preguntarme a mí mismo si el hecho de capturar lugares y momentos con la cámara me ayuda a conectar más con el momento o si, por el contrario, me impide disfrutarlo. Y es que las monedas tienen dos caras.

Si bien es cierto que puede considerarse que estar grabando tomas es una especie de “trabajo” extra que me impongo (y no digamos ya si uso varias herramientas como puede ser vídeo estándar con el móvil, tomas aéreas con el dron o incluso primera persona con action camera o perspectivas con la 360º) creo que me obliga a ser más consciente del lugar en que me encuentro. Lo cual, para alguien tan despistado como yo, es muy útil.

Por otro lado, me obliga a plantearme qué quiero grabar y qué no. Y de qué manera (“Dani y sus barridos”, punto fijo, timelapse…), especialmente destacable a la hora de despegar el dron. Ya que al principio lo alzaba y ale, a jugar. Hasta que descubrí que era más eficiente (de perogrullo) tener ya un mapa mental del recorrido a realizar para las tomas que considero necesarias.

Para echarle un poco más de salsa al asunto, hay que entender que cuando voy a hacer un reportaje hay dos factores extra a considerar: por un lado, el equipamiento que puedo llegar a necesitar (lo que implica ir cargando con la mochila de fotografía, trípode, etc. etc.) y por otro lado, la compañía. Porque claro, cuando estás con otras personas tampoco quieres romper las bolas a nadie parándoles, haciéndoles perder el tiempo y ¡obligándoles a esperarte mientras grabas tus mierdas! Aunque, de momento, nadie se me ha quejado 😉 A pesar de lo cual debo reconocer que en muchas ocasiones casi que prefiero ir solo, supongo que por la libertad absoluta que me da el tomarme mi tiempo sabiendo que no molesto a nadie. Quizá las escenas deportivas son las únicas en las que realmente prefiero captar a los compis, ya que creo bonitos recuerdos, ya no sólo para ellos si no incluso para mí mismo. Y es que al fin y al cabo, cada hora de “trabajo” que me impongo con este proyecto, no deja de ser con el objetivo final de construir recuerdos y vivir de forma más consciente las experiencias por las que paso.

En resumen, el proceso de toma de imágenes lo disfruto mucho y por ello voy a seguir haciéndolo siempre que me lo pida el cuerpo (ya que hay veces que voy al sitio simplemente a disfrutar). Y si bien es innegable que me aporta un extra de trabajo (no solo durante, si no después ya que toca editar vídeo), como suele decirse, ¡sarna con gusto no pica!

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