De infartado a superar una OCR #roadtosparta

Tras sufrir un infarto el 9 de octubre del año pasado, 2018, pasé como es lógico por un proceso de replanteamiento total de mi vida. Estaba claro que tenía que quitarme de enmedio un montón de malos vicios (empezando por el tabaco).

Si bien es cierto que desde unos meses antes del infarto ya había empezado a preocuparme por mejorar ya no solo físicamente (empecé a comer “bien” y a hacer ejercicio) si no incluso me puse cada día a estudiar inglés, con tal de ir mejorando un poquito cada día.

El caso es que tras el infarto quedé muy chafado. Los médicos me dijeron que me olvidara de volver a correr y que de momento hiciera la del abuelo, salir media horita al día, con la calma y sentandome en los bancos. Vamos, me venían a decir que estaba acabado.

Y no es de extrañar, ya que sufrir un infarto con 32 años se debió a una causa genética (lipoproteína A alta, como comenté en este vídeo) aparte de otros factores complementarios. Y esto tenía a los médicos (y a mí mismo) aco*onaditos.

El caso es que me tocaba reclusión e inactividad. Súmale a eso estar sin fumar. Pues como puedes suponer, gané unos cuantos kilos, a pesar de comer “cosas saludables”… pero claro, en tal cantidad que… La parte positiva de tanto Netflix es que descubrí el programa “Ultimate Beast Master“. Un concurso en que atletas de varios países competían entre ellos en una serie de niveles para hacerse con el título y la pasta.

De este programa tan entretenido saqué dos determinaciones nuevas: la primera, que de una vez por todas quería empezar a escalar (ya que los escaladores siempre hacían un buen papel en la competición e incluso la ganaban normalmente) y que, al año del infarto, quería participar en una carrera de obstáculos (OCR), así que me puse a mirar y prácticamente un año después (el 12 de octubre de 2019) se celebraba en Barcelona una Spartan Race. Sin fliparme, decidí que participaría en la versión Sprint (la más asequible). Objetivo fijado.

Tras algo más de un mes de reclusión, fui al cardiólogo de nuevo, que me indicó que empezara a moverme, pero con calma. Y ahí es cuando empecé mi lento y progresivo plan de entrenamiento. Puede parecerte patético, pero así es como fui progresando:

  • Cardio. Empecé con la elíptica en casa, 20 minutos, sin resistencia y sin correr. Si notaba algo raro paraba. Poco a poco fui subiendo tanto el tiempo como la resistencia, hasta llegar a lo que considero un estándar suficiente: 40 minutos diarios con una resistencia media constante. Esporádicamente voy a correr a la calle, aunque no me gusta tanto, prefiero la montaña, pero eso ya es más para el fin de semana.
  • Musculación. Al principio hacía tímidamente algunas flexiones y abdominales después de la elíptica. Fui subiendo hasta llegar a 20 de cada. En cuanto vi que mi corazón aguantaba bien, empecé a usar de nuevo la APP “Ejercicios en casa” (Android e iOs)

En cuanto a este último punto quiero comentar que antes del infarto yo ya estaba usando no exactamente esta APP si no dos distintas de los mismos desarrolladores, una de abdominales y otra de flexiones, a modo diario. Tanto es así que cada APP te hacía trabajar dos días seguidos y te daba uno de descanso. Como yo las solapaba, no había descanso posible, así que o bien me tocaba hacer una sesión de abdominales y una de flexiones o, como mínimo, una de las dos. Como fui progresando por niveles (principiante, medio y avanzado) llegó un punto en que me tiraba CADA DÍA casi una hora con este tipo de ejercicio. Esto, sumado a que no hacía nada de cardio (creía que con andar por el trabajo era suficiente), hizo que un día me petara la patata, colmando el vaso.

El cardio debe ser la base de cualquier entrenamiento. Es OBLIGATORIO. Todo lo demás debe ser complementario

Sea como sea, esta vez decidí hacer un único programa, de todo el cuerpo, de desafío mensual. También por niveles, así que estuve un mes con el programa básico, otro con el intermedio y otro con el avanzando. Cuando ví que ya me estaba bien, me quedé repitiendo la última semana del programa avanzado una y otra vez. Pero, claro, al final ya no suponía ningún esfuerzo para mí, así que terminé por incorporar pesas en las muñecas. Luego dos más para los tobillos y por último dos más en la cintura (6kg de sobrepeso en total). Y ahí he decidido quedarme, porque me interesa solo un poco de hipertrofia.

Porque claro, tras cuatro meses de baja, me volvió a ver el cardiólogo y quedó muy contento. Tanto es así que me dio el alta. Momento en que, ni corto ni perezoso, me apunté al rocódromo para empezar a escalar. En este vídeo te explico mi trayectoria en la escalada:

Y, en referencia a lo que decía antes, basándome en el programa “Ultimate Beast Master” yo no quería un cuerpo exagerado, si no más bien fibrado, con solo un pelín de hipertrofia, la justa para poder darme un extra de fuerza en un momento dado sin suponer una sobrecarga de peso. Porque creí que, siendo ligero y fibrado como un corredor y escalador, haría un buen papel en mi carrera de obstáculos. Y, al fin, llegó el día:

La verdad es que estoy super-contento con el resultado. Por el mero hecho de haberla terminado, habiendo superado sin dificultad todos los obstáculos y habiéndome demostrado a mí mismo que eso de que estaba acabado no era cierto, que justo estaba “empezado”. Pero no terminan ahí las buenas noticias.

En la revisión anual con el cardiológo, aproximadamente al año del infarto, me dio dos noticias geniales:

  • Mi rendimiento en la prueba de esfuerzo de fue excelente (ya llevaba unos meses entrenando progresivamente). Siendo lo normal un valor de 10 y habiendo alcanzado yo un valor de 16 (un 60% por encima de la media, not bad)
  • El electro mostraba una actividad cardiovascular normal. Él mismo me dijo algo así como “Si no supiera que has sufrido un infarto, viendo este electro podría pensar que no eres paciente mío“. De hecho me comentó que si por él fuera me daría el alta, pero que al haber infartado tan joven, ya me quedo como paciente crónico para los restos. Que nada, que seguiríamos viéndonos una vez al año.

Aprovecho para comentar también que en el momento de la carrera llevaba ya unos meses con el veganismo para limpiar las arterias, con tal de combatir a la lipoproteina A.

En fin, la verdad es que estoy muy satisfecho con esta segunda oportunidad, me considero muy afortunado de haber quedado bien y que mi trabajo no solo no haya sido en vano o contraproducente si no tan estructurado, constante y progresivo que me haya permitido “curarme” de un infarto (aunque las pastillitas no me las quita nadie, pero son poca cosa).

En cuanto a la experiencia OCR ha sido muy divertido y desafiante y me encantaría, al menos una vez al año (por el aniversario del infarto, a poder ser), ir repitiendo. Aunque la próxima vez, quizá algo un poquito más exigente que una Sprint 😉


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