Castrati

La mujer que le había atendido en la clínica veterinaria debía superar la treintena y parecía que el cuidado de sus uñas era lo más importante para ella. Su aspecto era cuidado, entendiendo seguramente que la imagen es fundamental en los trabajos cara al público, aunque era evidente que la pasión por su trabajo había desaparecido hacía tiempo, o quizá no la hubiese tenido nunca. Porque la pasión tiene corazón viajero.

Mientras Lidia acariciaba a su fiel Cat , con la música sonando tan bella y tan cercana ante la ausencia de otros propietarios de mascotas, en esa mañana atiborrada de luz primaveral. no pudo evitar dejar que una , y sólo una lágrima, rodase lenta de su ojo derecho antes de entregarle para la castración a la joven veterinaria, de guantes azules y sonrisa de dentífrico, quien con cuidado , y tras revisar la ficha, tomó por las axilas a ese gato que le regalaron hace unos meses y que destruyó la paz del hogar en dos días. Dudando ante su mirada gatuna sobre si era o no la mejor decisión, la voz del último castrati seguía sonando en la sala de espera de una sala con luces de neón.

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