Costa Rica en el horizonte

Busqué en el cajón, y vi ese mes que iba a tirar a la basura, donde el viaje mil veces soñado de tierra virgen, había quedado en  un limbo de anhelos aplazados, o rotos. El resguardo del viaje vibraba, triste, alicaído.

Nos recogieron en el hotel de San José, para llevarnos hasta la costa, a Guápiles, y más tarde  tomamos una lancha que nos hizo viajar por un sistema de canales naturales. Se atravesaba una vasta extensión de bosque, y el aire olía  a humedad. Los verdes eran de una intensidad que te dejaba la mirada teñida de esperanza y vida. Los sonidos de la selva  te dejaban intuir el sonido de la naturaleza primigenia, te hacían sentir lejos de todo lo conocido. El Parque nacional de Tortuguero es un hábitat tan rico, que yo no dejaba de mirar, de aquí a allá, sin poder decidir dónde centrar la visita porque todo era un vergel de posibles descubrimientos, de aventuras tras las lianas, de amaneceres selváticos.

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Para el planeta ¿mejor ebook, o libro impreso?

He sido lectora toda la vida, y cuando sólo existía el libro impreso, reconociendo que es pesado de manipular, y de que necesita de buena luz y buena vista, nunca pensé que me plantearia defender el libro electrónico. La magia, el olor, y la facilidad para ver el título y el punto de página, no puede compararse con el frío ebook. Tienen un aura, un halo a recuerdo de infancia que es incuestionable. Si embargo, fabricar un libro requiere de un recurso natural, los bosques, ya que usa como materia prima la celulosa de la madera. Uno cree que nunca se agotará, que la madera es un recurso ilimitado, pero no lo es. Habría que estudiar, más a fondo, la relación espacial que se establece con el libro impreso, y que no se da con el electrónico, así que defenderé el primero para las edades tempranas, porque el aprendizaje de la lectura pase por “ver” y ” sentir”.

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El planeta respira

Esta crisis conlleva unas pérdidas en salud, y económicas, incalculables, pero con el parón de la actividad industrial y de desplazamientos, el planeta se está dando un respiro .

Castrati

La mujer que le había atendido en la clínica veterinaria debía superar la treintena y parecía que el cuidado de sus uñas era lo más importante para ella. Su aspecto era cuidado, entendiendo seguramente que la imagen es fundamental en los trabajos cara al público, aunque era evidente que la pasión por su trabajo había desaparecido hacía tiempo, o quizá no la hubiese tenido nunca. Porque la pasión tiene corazón viajero.

Mientras Lidia acariciaba a su fiel Cat , con la música sonando tan bella y tan cercana ante la ausencia de otros propietarios de mascotas, en esa mañana atiborrada de luz primaveral. no pudo evitar dejar que una , y sólo una lágrima, rodase lenta de su ojo derecho antes de entregarle para la castración a la joven veterinaria, de guantes azules y sonrisa de dentífrico, quien con cuidado , y tras revisar la ficha, tomó por las axilas a ese gato que le regalaron hace unos meses y que destruyó la paz del hogar en dos días. Dudando ante su mirada gatuna sobre si era o no la mejor decisión, la voz del último castrati seguía sonando en la sala de espera de una sala con luces de neón.

La granja

Acercándose un poquito más al borde del barranco, donde se escondió  el perro, pudo divisar la granja. Con Bruno, llegó al valle, y a la finca. El agricultor se empeñaba en alabar sus tomates y sus berenjenas, pero el caminante insistía en otras plantas.  Tras comprarle un melón, unos calabacines y tres manojos de calçots, cejó en su empeño de comprar la mejor marihuana de la comarca. Le habrían informado mal, se dijo. Aceptó una porción pequeña de un postre casero al despedirse.

Los calçots se veían estupendos, y le animaron a hacer una calçotada el fin de semana.  Ya en su cocina, tras comer el pedazo de tarta, hecha por el granjero, le dió un poquito a Bruno. Poco después concluyó en pensar que sí había encontrado el lugar del cultivo del que tanto se hablaba, pero ese detalle ya le era indiferente. Bailaba con su perro, los dos muertos de risa, bajo la luna, quien les contestaba.


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